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Manrique Lara N40-573 y De Los Motilones, Quito, Ecuador

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© 2019 by Eddie Mosler.

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La pintura tiene una misión...

 

Y esa misión puede ser, por ejemplo, la conexión con algo más global, más revelador y superior; “Es importante – afirma el pinto ecuatoriano Eddie Mosler (Quito, 1975) – que uno mismo pueda explorar y ser su propio maestro; es justo ahí donde nace la originalidad y la conexión cósmica”. Y su condición de autodidacta es una explicación de dicha afirmación; para Mosler todo, en realidad, está dentro. Así el artista, sintiéndose parte de algo más global, más grande resulta que reconoce utilizar el universo como inspiración. Esta interesante proyección, además de un buen cúmulo de intenciones, puede suponer un interesante y destacable punto de partida. Y su personal propuesta aparece creada con el código de un estimulante lenguaje abstracto.

 

El caso de Eddie Mosler confirma, por otra parte, el estímulo que muchas veces pueden suponer los premios y reconocimientos que comenzó a cosechar ya desde niño y de forma autodidacta hasta los días de hoy: ahí se encuentra el arranque de una carrera de pintor que habla de conexiones, del valor de la contemplación y de la revelación y de la conciencia, entre otros conceptos y valores.

 

La maestría está dentro, y también, incluso, la magia. Y el propio Mosler afirma sentirse un mero instrumento, un mero catalizador o mediador de dichas energías. Su obra en técnica mixta: óleo, acrílico, fuego y escarcha, nos habla de cuadros que buscan dar forma al eterno presente. Su abstracción nos habla igualmente de una fusión constante de componentes para hacerse nada menos que receptor del Universo. Una abstracción que consigue arrastrarnos por su innegable y enigmático ritmo. En sus cuadros asoman nubes, magmas, formas indefinidas pero que parecen llenas de coherencia y de vida; en sus lienzos algo parece estar vivo. El pintor desea, además, reforzar el concepto de sanación que el arte conlleva en si mismo; un concepto que, por cierto, tendemos a pasar por alto.

 

Ser original y también revelador...

 

En ese plano físico o tridimensional, el artista no parece perseguir la belleza o lo estético como normalmente la percibimos o la entendemos y sí, mejor como una filosofía que se agarra a lo estético que a modo de atmósferas en creación última y da forma a una obra que ofrece una sugestiva propuesta de comprensión y de orden. Sus abstractos componen ese eterno presente y una pintura que parece manifestarse en tiempo real, como si no estuviera no ya filtrado sino creado. Sin duda, en su caso esa bella e interesante idea del eterno presente se destaca de alguna manera como un concepto – además de original – plenamente revelador. ¿Tal vez materia y tiempo puedan ser lo mismo? Tal vez.

 

En la pintura de Mosler lo revelador consiste en sacar fuera lo profundo, todo lo que hay dentro. Lo que, en realidad, siempre ha estado ahí. Y que, aunque no se muestre sigue estando y actuando.

 

En sus cuadros el tratamiento del color es un elemento claramente importante en si mismo, y en ellos aparecen también toda suerte de huellas, estructuras libres y formas que parecen caer como mágicas cascadas de luz que, también en realidad, responden a algo predeterminado y con la fuerza suficiente como si algo estuviera vivo y actuando; algo bulle y sugiere mostrarse a un nivel casi microscópico o celular. Como una revelación de formas que parecen autónomas, como con vida propia y no pintadas, y en las que perderse y encontrarse… así es como puede percibirlo el espectador del cuadro y analizar lienzo a lienzo la naturaleza, el mensaje y la profundidad de cada impacto que la obra ofrece a la mirada. El artista ecuatoriano parece lograr una belleza que es a un mismo tiempo tanto búsqueda como hallazgo. Sin duda, su planteamiento es plenamente original.

 

Además de su país natal, Ecuador, Eddie Mosler ha exhibido su obra pictórica – desde el año 1998 – por países como Panamá, España, Estados Unidos o Colombia.

 

  

Margarita Iglesias

Periodista y Comentarista de Arte